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Se muestran los artículos pertenecientes a Septiembre de 2004. 01/09/2004El Cuervo ¿Saben cual es mi pelicula favorita? El Cuervo. ¿Se la cuento?Resulta que hay una banda de chorizos que se dedican a acojonar a la ciudad. Son más malos que un dolor de tripa, y trabajan para un pavo que es el jefecillo del mundo subterráneo y el mafioso local. Este tío lleva el pelo muy largo y esta todo el día liado con una que dice que es su hermana, pero que es china, o sea, que de hermana nada. Los de la banda se cuelan un fatídico día en un ático donde vive una feliz pareja que está a punto de casarse. Los muy cabrones violan a la tía y cuando se presenta el novio tan feliz con la compra en la mano se lo cargan y lo tiran por la ventana a la calle. Cabe destacar que el que hace el papel de novio, que es el protagonista, es Brandon Lee, hijo de Bruce Lee, y que filmando esa escena de la película murió accidentalmente. Parece ser que dentro de la bolsa de comida que llevaba había un explosivo para simular un disparo, pero se les fue la mano y lo mató de verdad. Hay varias versiones, pero esta parece la mas extendida. Bueno, todo eso pasa una noche de Halloween, y exactamente un año más tarde, el novio sale de la tumba con unas ganas de venganza y de marcha que no veas. Para acabar de poner el tema tétrico, representa que su alma la tiene un cuervo que va siempre con él. El tema del alma es porque dice una leyenda que cuando alguien muere, pero no ha terminado lo que tenía que hacer en la tierra, a veces, sólo a veces, puede volver para terminarlo. Entonces su alma la tiene un cuervo, que es el que le conduce y le ayuda en su venganza haciéndolo casi invencible. Total, que el tío sale de la tumba echo polvo (supongo que después de pasarse un añito enterrado, no es para menos). Se pilla algo de ropa y unas botas por la calle y se va a su casa. Allí ve que esta todo destrozado, se encuentra con su gato, que salió vivo, y del mismo mosqueo que lleva se pinta la cara de blanco con unas rayas negras en los ojos y la boca y se va a empezar la caza. Otros dos personajes de la película son una chavalita que era amiga de la pareja, y un policía que estuvo investigando los asesinatos de los dos. Por lo visto el menda estuvo toda la noche con la tía en el hospital, y cuando toca al bueno, este siente todo el dolor y sufrimiento que pasó la pobre chavala durante su agonía (ojo al dato, que esto es importante). Lo primero que hace el tío es ir a una casa de empeños de un sujeto que trabaja para el malo, a buscar los anillos que tenían preparados para la boda y que habían empeñado los asesinos. Le dice que advierta a la gentuza esa de que ha salido de la tumba y que va a por ellos, y de paso le llena el chiringuito de gasolina y lo hace explotar. Al primero de los que los mataron lo pilla por la calle. El chorizo es una fiera tirando cuchillos, pero no le sirve de nada porque el otro los para o los esquiva. Al final lo mata ensartado en todos sus cuchillos, y le roba la gabardina de cuero (pero antes de hacerle los agujeros, claro). El segundo es un yonki y lo encuentra cuando esta con la madre de la chavalilla, que digamos que no tiene una moral muy recta (que es puta, vamos). El bueno le vacila al yonki y el otro le pega un tiro en la mano y se la atraviesa. Los dos se descojonan de risa, pero en un momento se le cierra el agujero y el yonki se caga de miedo. Al final lo mata clavándole un montón de agujas con heroína, o sea, que le mete una sobredosis del quince. Al tercero lo mete en un coche, lo ata bien atado, le pone una granada en los huevos (perdón) y pone el coche en marcha. Explota la granada y el tío queda hecho fosfatina. Y al cuarto, que de lejos parece gilipollas y de cerca lo es, lo tiene el jefe bajo custodia porque le ha estado contando toda la historia de la muerte de los otros. Entonces va el bueno y se cuela en una reunión de mafiosos que tienen montada en la parte de arriba de una discoteca o algo así, y montan un tiroteo del carajo, pero como el tío no tiene alma (la tiene el cuervo, ¿recuerdan?) pues se los carga a casi todos, solo se escapa el jefe, la hermana china y un el negro grandote que es el ayudante del malo. Al bueno ya le parece bien la broma, porque no tiene más ganas de venganza ni nada, y como además no tiene alma y hace un montón de tiempo que no cotiza a la seguridad social y no le ha quedado casi nada de paro (esto es broma, realmente era un músico autónomo), pues decide meterse en la tumba otra vez ya para los restos. Pero claro, siempre tiene que haber alguien jodiendo la marrana, y los malos, que ya están hasta los mismísimos de que el otro les este dejando sin personal, secuestran a la chavalilla. El cuervo lo ve, y el bueno lo ve también a través de los ojos del pajarraco, y allá que te va otra vez aún más cabreado que antes. Los malos tienen a la niña en una iglesia, y el bueno y el poli entran para rescatarla, pero el putón de la china (la hermana del malo), se queda con la historia de que cargándose al cuervo el otro ya no es invencible, y va y le pega un tiro (al cuervo, joder). Entonces se pelean el bueno y el malo en el tejado de la iglesia, y cuando más canutas las estaba pasando el bueno porque el otro lo tenia ensartado con un pararrayos como si fuera una aceituna, el tío le coge la cabeza al malo y le pasa de golpe todo el sufrimiento y el dolor que había pasado la novia en el hospital y lo mata. ¡Toma, por hijoputa! Y ya para terminar la peli sí que se mete definitivamente en la tumba, a esperar a la segunda parte, que por cierto fue un bodrio de cuidado. La tercera ni la vi, y no sé si han hecho alguna más. La verdad es que siempre me ha gustado mucho esta película, y la he visto un montón de veces. Una de las cosas que más me llama la atención es el ambiente, muy oscuro y con un tinte muy gótico, como las escenas de la iglesia, por ejemplo, o cuando se ve al cuervo sobrevolar los tejados de las casas. La música también es muy buena, sobre todo un tema de los Cure. Muy recomendable. Velas en la oscuridadAtencion, pregunta Me gustaría insertar un logo al principio de la página, pero cuando lo intento usando el administrador del blog, me pide una URL. Yo tengo el gráfico, pero no puedo referenciarlo a una URL, sino que debería enviarlo al servidor, no?Bueno, si alguien puede echarme una mano con esto se lo agradeceré. PD. Supongamos que la imagen es la anterior que veis en este post. 02/09/2004Viajes IIHay gente que no lo ve así, pero para mí el viajar es un placer, una de las cosas que más me gusta hacer. Es algo a lo que no me he podido dedicar todo lo que me hubiera gustado, unas veces por falta de tiempo y otras por falta de recursos económicos (esta ultima la mayoría de las veces), pero bueno, alguna vuelta si que me he dado, y la verdad es que cada vez me gusta más. Me da igual irme un par de días a un camping en la sierra, que una semana a visitar una ciudad, que pasar dos semanas pateando el Pirineo, el caso es salir y conocer sitios nuevos. Pero en mi humilde opinión, no se trata solo de conocer los sitios, es decir de ver los lugares, paisajes o monumentos y punto, sino que esta actividad se debería completar con el acercamiento a la gente del lugar, a sus costumbres, gastronomía, idioma, arte, historia, forma de vida, etc. La verdad es que no entiendo como es posible que haya gente que se va de vacaciones a un país extranjero y no se comunica con nadie más que con sus propios compatriotas. De acuerdo que en muchos casos existe la barrera del idioma, pero qué menos que intentar mantener algún tipo de comunicación con los lugareños e intentar escuchar lo que tienen que contar de su tierra, sobre todo las personas mayores, que suelen tener el tiempo y la paciencia necesaria como para ponernos en antecedentes sobre su país y su cultura. Tampoco entiendo a esos viajeros que teniendo la oportunidad de probar la gastronomía de un país se dedican a buscar una hamburguesería o una pizzería para comer. Teniendo en cuenta que las hamburguesas y las pizzas son iguales en todo el mundo, más o menos, ¿por qué no probar e intentar apreciar lo que comen los lugareños? Si no nos gusta, con no repetir la experiencia asunto resuelto, pero por lo menos sabremos como es su estilo de comida. No quiero criticar, pero algo que no haría nunca es hacer un viaje organizado por una agencia (bueno, nunca se puede decir que de esta agua no beberé, pero no mientras pueda evitarlo). En esos viajes muchas veces se dan las circunstancias a las que me refería anteriormente. Se come tortilla de patatas, se viaja con compatriotas, y todo el mundo habla español. Eso por no hablar del ritmo infernal de visitas a los lugares emblemáticos del lugar, generalmente con prisas y sin posibilidad de detenerse donde a uno le interese so pena de retrasar el ritmo de los demás. Así, cuando alguien vuelve de uno de estos viajes (por Italia, por ejemplo), se le puede oír comentar: “Estuvimos en el coliseo de Milán, que es donde jugaba antes el Inter. Navegamos con una góndola por los canales de Pisa, y vimos una torre que esta a punto de caerse, que esta en Roma, creo. Al ladito mismo del museo este … como se llama … ah, eso, el San Siro.” Tal vez el ejemplo sea un poco exagerado, lo admito, pero en la mayoría de estos viajes no da tiempo a saborear un lugar porque hay que cumplir un programa, y el tiempo apremia y son muchas las cosas que hay que ver. ¡Vamos!, ¡vamos!, ¡al autocar! Y otra cosa que no acabo de comprender es la actitud de ciertas personas cuando viajan. Me refiero al caso del viajero que lleva una idea predeterminada sobre el lugar, y no la cambia ni por las buenas ni por las malas. Es el personaje típico que viaja a Méjico, por ejemplo, con la idea de que lo que va a encontrar allí son playas, ruinas mayas, comida picante y gente perezosa. Normalmente cuando vuelven siguen pensando igual, porque lo único que han hecho en su viaje ha sido ir a Cancún, a hacer cuatro fotos a Teotihuacan, y a un restaurante mejicano con sus correspondientes mariachis y sus jalapeños que cortan hasta la respiración. Y respecto a la gente … bueno, basta con que haya visto a una persona apoyada en la pared o con las manos en los bolsillos para que siga manteniendo la creencia de que todos los mejicanos son unos perezosos. No quiero ni pensar en la imagen que tiene mucha gente de otros países cuando vienen aquí. Esperan encontrarnos a todos bajitos, morenos, por supuesto toreros, bailando flamenco, poniéndonos de paella y de sangría hasta las trancas cada día, y yendo por la calle dando palmas y diciendo ¡ole! ¡olé!. También suelen ser estos mismos individuos los que cuando viajan a un país supuestamente más avanzado o desarrollado que el suyo, como los EEUU por ejemplo, sobrevaloran cualquier cosa que ven y les falta tiempo para hacer el típico comentario: “Que bien hacen las cosas esta gente, no como nosotros, que somos unos chapuceros”, aunque lo que estén viendo, un edificio bonito por decir algo, sea una burda copia de un castillo medieval de los que tenemos por aquí a montones. Claro que como esta en los USA, pues ya es el colmo de la High Tech y la fashion. Curiosamente, cuando esos mismos viajeros de pacotilla van a un país menos desarrollado, son los que se dedican a mirar por encima del hombro a las gentes de ese país, clasificándolos de analfabetos para arriba aunque estén delante de la biblioteca de Alejandría. En cualquier caso, y siempre en mi opinión, se trata de viajar y ver las cosas con la mente bien abierta. Conocer minimamente el lugar a donde se va, para así poder aprovechar mejor la visita, pero sin llevar las ideas preconcebidas sobre lo que se va a visitar. Aprender de lo que se ve y se oye en el lugar, no de lo que a uno le han contado, e intentar integrarse con la gente y las costumbres del lugar, o al menos conocerlas para poder apreciarlas en su justa medida. Y esto vale igual para un fin de semana en Teruel o para un trekking en el Annapurna. 07/09/2004TriunfarRecuerdo que cuando yo era un chavalito, mis mayores me decían que tenía que estudiar para llegar a ser algo en la vida. Me decían que si no estudiaba, no podría tener un trabajo de los de estar sentado en una oficina ganando una pasta, si no que me vería obligado a ganarme el pan desempeñando un trabajo de los de estar subido en un andamio o cargando sacos de cemento todo el día a cambio de una miseria. Como quiera que con el tiempo pasé de ser un chavalito a ser un chavalote, y con ello se me despertó cierto espíritu rebelde (no confundir con la estupidez, que ese es otro tema) pues no estudié lo que tendría que haber estudiado. La verdad es que me he arrepentido de ello una y mil veces, pero en fin, no me va tan mal. Tengo un trabajo de los de estar sentado en una oficina, y no es que gane un capital al mes pero tampoco me quejo. Esta introducción sirve más que nada para comparar lo que pasaba en mis tiempos y lo que pasa en la actualidad. En mi caso concreto, sigo insistiéndole a mi chaval sobre lo de los estudios. No le digo que si no estudia tendrá que ganarse la vida colgado de un andamio, pero sí que intento inculcarle la idea de que cuanto mejor preparado esté más facilidades encontrará en el mundo laboral y, por consiguiente, en su vida en general (sí, porque será más feliz desempeñando un trabajo que le guste y que posiblemente estará mejor remunerado) Pero hay ocasiones en las que dudo. ¿Debo recomendarle a mi hijo que estudie? ¿Debo recomendarle que haga lo que haga intente ser un profesional responsable con su trabajo? ¿Debo hacerle entender que elija el trabajo que elija intente ser bueno en él y hacerse valorar como profesional? No sé, a veces pienso que tal vez no deberíamos decirle a nuestros hijos que sigan una de las siguientes opciones: 1) Estudia. Estudia más. Estudia como un cabrón y termina una carrera. Aguanta a profesores a los que les importa un carajo que apruebes o no, siempre y cuando ellos tengan su sueldo de funcionarios asegurado. Gastaos el dinero –tu y/o tus padres- en la universidad, los libros, la residencia, etc. Pero no suspendas un año, porque tendrás que seguir estudiando, estudiando más, estudiando un año más como un cabrón. Cuando acabes la carrera, apúntate a las filas del INEM y conviértete en un parado más. 2) Trabaja. Trabaja más. Trabaja como un cabrón. Consigue experiencia, aunque para ello te paguen una miseria y tengas que pasarte años enteros viendo como sube el nivel de vida pero no tu sueldo. Trabaja, haz horas extras sin cobrarlas, renuncia a días de vacaciones porque al jefe se le ha antojado que hagas un trabajo superimportante justo en esos días que tenias para disfrutar y descansar. Trabaja sin desvanecer, y cuando ya no puedas más, sigue trabajando, trabajando más, trabajando como un cabrón. Bueno, cabe decir aquí que los que pasen por el punto uno, posteriormente pasaran por el dos. La diferencia es que contarán con unos años menos de experiencia pero tendrán un título en el bolsillo. Estas serían las dos opciones estándar, las que yo recomendaría a mi chaval (principalmente la numero uno) Pero como he dicho antes, a veces dudo si no deberíamos recomendarles una de las siguientes: 3) Preséntate a todos y cada uno de los cástings para concursos televisivos. No importa que quedes como un gilipollas. Lo que tienes que hacer en esos castings es soltar lindezas tales como “Yo soy un guarro y un pervertido sexual”, o bien “A mí me gusta el color amarillo y mis amigos me llaman Melocotoncito”. En todo caso, no te rindas si no te eligen a la primera, por que hay decenas de concursos. Unos están mejor pagados que otros, y las posibilidades de promoción también son distintas, pero por algo se empieza. Ten en cuenta que si te seleccionan para participar en un concurso de los que tienen una audiencia elevada ya tienes prácticamente la vida resuelta. Solo tienes que echarle un poco de cara al asunto, y en el caso de que seas una persona inteligente disimularlo todo lo que puedas. De hecho, no es necesario que ganes el concurso. Incluso puedes quedar el último. Si empiezan a llamarte de otros programas para que acudas como tertuliano (curioso término éste) ya lo tienes todo ganado. Sólo limítate a sentarte en una mesa y a poner a parir a cualquiera que se cruce en tu camino. Da tu opinión -real o inventada- sin que te importe renunciar a los más elementales principios éticos. Reparte hostias dialécticas sin miedo a las represalias en forma de querellas que generalmente se quedan en nada. Aprende de los maestros y en poco tiempo serás un personaje respetado por unos y temido por otros, pero siempre investido del poder que te da el plantar tu careto delante de una cámara de televisión. 4) Canta. Haz lo mismo que en el punto anterior, pero canta. Preséntate a los programa / concurso descubridores de nuevos talentos musicales. Si tienes suerte y eres guapillo, si le gustas a las chavalillas adolescentes, ya tienes mucho ganado. No hace falta que sepas cantar, ni que tengas buena voz. Ni siquiera es necesario que sepas hablar, imagina que fácil es. Cuando acabe el concurso, lo ganes o no, firma todos los contratos que una bandada de buitres te pondrán delante. Sólo serás un producto de laboratorio más, pero aprovéchalo mientras dure. Cuando se acabe el chollo y la gente (o los productores) se cansen de tu estúpida pose de niño guapo y marchoso puedes reengancharte con los que están siguiendo el punto anterior. No sé cuál de estas últimas opciones es mejor, pero las dos funcionan. Esta demostrado que funcionan. Por lo menos, esa es la idea que deben captar los chavales cuando ven en televisión cómo personajes sin arte ni oficio se convierten en reyes mediáticos de la noche a la mañana. El lema que les proponen está claro: No hace falta estudiar y no hace falta trabajar. ¿Para qué, si saliendo un poco en la tele y echándole un poco de morro a la vida en cuatro días puede uno convertirse en el rey del mambo? Que triste. 08/09/2004Barca en la playa10/09/2004Viajes IIISi hace unos días les relataba aquí un viaje un tanto ajetreado en avión, hoy me gustaría hablarles de los trenes. O mejor dicho, de mis experiencias con ellos. Si les soy sincero, no sabría calcular cuantos kilómetros he viajado en tren durante mi vida, pero han tenido que ser muchos. Solamente contando los quince meses en los que la Marina se encargo de hacer de mi un hombre, y teniendo en cuenta que me llevaron como puta por rastrojo de punta a punta de la geografía española, y contando a razón de unos 1.300 Kms. por viaje, pues a mí me salen unos 25.000 Kms. aproximadamente. A ver, recuerdo una ocasión en que volvía solo hacia Barcelona desde Cádiz. Tenia el dinero justo para cenar o para pagar la diferencia entre un billete de segunda clase –que es lo que pagaba la Marina cuando uno se iba de permiso- y uno de litera. Teniendo en cuenta que viajaba de noche, preferí dormir durante el viaje y comer lo que tuviera a mano, que era un trozo de chorizo y una lata de paté. Y eso es lo que cene, el paté untado en el chorizo. No estaba muy bueno, todo hay que decirlo, pero por lo menos comí algo y pude dormir a gusto durante el viaje. En otra ocasión, años mas tarde, me toco hacer el mismo viaje, pero durante el día. Yo ocupaba un asiento en un compartimiento de seis plazas. Los otros cinco estaban ocupados por la típica familia escandalosa, formada por un matrimonio rondando la cincuentena, una mujer mayor -presumiblemente la madre de uno de ellos-, y dos chavalillos, muy posiblemente hijos del matrimonio. Bueno, pues me dieron el viaje. ¡Vaya si me lo dieron!. No pararon en todo el viaje de gritar, hacer ruido, gritar más, pelearse, gritar un poco más, etc. Los niños no se estuvieron quietos ni un momento, la suegra no paró de protestar y de quejarse hasta que entramos en la estación de Sants, y el marido y la mujer se hicieron colegas de otro matrimonio que viajaba en el compartimiento de al lado y se pasaron el viaje haciéndose mutuas visitas de cortesía, con el consiguiente tráfico interdepartamental. No es que yo sea un tío delicado que no soporta a la gente a su alrededor, ni mucho menos, pero hay veces en las que uno tiene que hacer un esfuerzo muy grande para no mandarlos a todos al carajo. Bueno, por lo menos algo bueno si que pasó durante el viaje. Después de comer, cuando se dignaron a recoger los montoncitos de bolas de papel de aluminio, las peladuras de fruta, las latas de refrescos, y todos los demás desechos orgánicos que habían producido, los metieron en una bolsa de plástico con el pragmático fin de deshacerse de ella tirándola por la ventana. El marido pilló la bolsa, abrió la ventanilla del tren y la tiró. Para mi inmensa satisfacción, el hombre se dio cuenta de que se había quedado con la bolsa de la basura en la mano y había tirado por la ventana la bolsa que contenía el termo con el café con leche que llevaban para el viaje. No puedo evitar partirme de risa cuando recuerdo la cara de pasmarote que se le quedo al pobre hombre al darse cuenta de su error y la bronca que le dio su mujer. Y en el último viaje que hice en tren, hará cosa de unos cinco años, compartí departamento con dos americanos. Uno era el típico hippie que viaja solo por el mundo con su guitarra y tal, y el otro era como un oso de grande, rubio y con el pelo cortado a cepillo, que nos explicó que trabajaba en una ambulancia en Nueva York y que ya se había cansado de recoger heridos de bala o de arma blanca y trozos de cadáveres hechos papilla por atropellos y otros accidentes, así es que se había tomado un año sabático para viajar y desconectar. Bien, pues lo más sorprendente de este último yanki es que viajaba con dos mochilas. La más pequeña tenia el aspecto de ser el bulto más pesado que yo seria capaz de cargarme a la espalda sin sufrir una hernia discal, así es que de la grande ya ni les hablo. Pero lo mejor era ver como se las cargaba el colega. Primero se colocaba la pequeña sobre la parte delantera del torso, es decir, al revés de cómo se suele usar una mochila. Después cogía la grande, que debía pesar un quintal, la echaba al aire, le daba la vuelta antes de que cayera, y con un hábil y coordinado movimiento de brazos hacia que le cayera en la espalda y se le quedara colocada correctamente. Yo cuando lo vi hacer eso en el andén de la estación de Sants, pensé que si a mí me cae esa mochila encima tienen que llamar a los bomberos para sacarme de debajo. Increíble la fuerza del colega, como para discutir con él, vamos. Placeres de la vidaHay cosas en la vida a las que no prestamos atención normalmente, pero que constituyen pequeñas dosis de vitaminas para nuestra alma (o nuestro espíritu, o lo que tengamos por dentro, ya me entienden). Son esas pequeñas cosas con las que nos encontramos a veces y que nos suponen un pequeño regalo en la vida en forma de pequeño placer, pero que nos dibujan una sonrisa en la cara y nos alegran un poquito el día. Supongo que cada cuál tiene las suyas propias, y que en muchos casos coincidiremos, pero hoy les voy a comentar las mías. Por ejemplo, uno de mis defectos (tengo tantos que no me acuerdo de todos) es que me encanta dormir. No quiero decir simplemente que me guste, lo que quiero decir es que llega casi a la categoría de vicio. No lo puedo remediar. Siempre ha sido así y me temo que seguirá siéndolo para los restos. Amen. De hecho necesito dos (y a veces tres) despertadores para asegurarme de que al menos haré el intento de levantarme de la cama a mi hora. Lo malo es que por la noche no tengo nunca prisa por acostarme, y que a veces sufro rachas de insomnio que no me permiten quedarme dormido hasta la madrugada, y entonces todavía me cuesta mas despertarme lo suficiente como para sacar un pie de la cama. ¿Que donde le veo yo el placer a eso de dormir? Pues a eso mismo, a dormir. Aunque realmente no me queria referir a eso concretamente, sino a algo que hace mucho tiempo que no me pasa, pero que para mí es una experiencia genial. Es el hecho de despertarse un domingo a las siete o las ocho de la mañana, sin tener nada que hacer, y cuando se empieza a salir del sueño mientras la pequeña parte del cerebro que tenemos en funcionamiento se dedica a jurar en arameo, darnos cuenta de que es domingo y nos podemos quedar un rato más en la cama durmiendo. Eso no tiene precio. Y si encima esta lloviendo y hace frío, ese darse la vuelta, arroparse bien, y seguir durmiendo hasta el mediodía es de las mejores experiencias que se pueden vivir. Otra cosa por el estilo es el leer. En cualquier sitio, en cualquier momento. Pero donde me da un placer especial es en un bar en el que me encuentre a gusto, y que no haya gente alrededor dando el coñazo. Esa media hora tomando una cerveza o un café leyendo el periódico al salir del trabajo tampoco tiene precio. Salir de marcha se dice que relaja, que alivia tensiones. Tal vez sea cierto, pero además de eso a mí me encanta que se me haga de día, que amanezca antes de que me haya acostado. Entonces me niego en redondo a meterme en la cama, y prefiero irme a dar una vuelta por la playa, por ejemplo, a ver amanecer y sentir el solecito en la cara y hacer unas fotos. Eso sí que es relajante, y le devuelve a uno la tranquilidad de espíritu perdida con el trabajo, las prisas, las obligaciones e incluso con la misma marcha. Hay muchas más. Por ejemplo encontrarse con alguien que hace mucho tiempo que no se ve e ir a tomar un café tranquilamente a contarse la vida, o encontrarse un billete de veinte euros en un pantalón justo antes de meterlo en la lavadora. O encontrar por azar algo que hace mucho tiempo que se esta buscando y que no aparece por ninguna parte, como me pasó a mí hace un par de días con una bufanda que he estado buscando durante todo el invierno. Lastima haberla encontrado en julio, pero bueno, algo es algo. Más. Llegar a casa después de conducir media hora sin poder aguantar las ganas de ir al servicio, abrir la puerta de la calle entre palpitaciones porque ya no se puede más, maldecir una y mil veces cada vez que nos equivocamos de llave (yo tengo seis llaves en el llavero, pero en estos casos parece que tenga sesenta), subir las escaleras casi a la pata coja porque si se separan las piernas se puede desencadenar la tragedia, abrir la puerta del cuarto de baño a empujones, entrar al mismo diciendo “¡uy, uy, uuuuuyy!”, y por fin ... conseguir aliviar la vejiga. Eso tampoco tiene precio. ¿Y que me dicen de estos días veraniegos, en los que uno llega a casa con la lengua como un estropajo, que parece que se haya pasado la tarde comiendo bacalao? Abrir la nevera, pillar la jarra del agua fresquita, llenar un vaso y bebérselo sin respirar, ignorando las lágrimas que nos caen por la mejilla porque el agua esta helada. ¡Aahhhh! ¡que buena! Cosas más nimias que también nos proporcionan alegrías de este tipo son el llegar a casa volviendo de una boda, por ejemplo, y quitarse los zapatos que nos hemos comprado para la ocasión y que nos están haciendo papilla los pies porque los estamos estrenando. O tener prisa por llegar a casa por alguno de los motivos citados anteriormente y encontrar sitio para aparcar a la primera y justo en la puerta. O ese estado próximo al Nirvana que se experimenta un sábado o un domingo a las tres de la tarde después de comer, al estar tumbado en el sofá oyendo al hombre del tiempo por un oído y el clinc-clinc que hace la esposa / novia / pareja al fregar los platos por el otro, mientras sentimos como los párpados nos pesan, que no podemos sostener la cabeza derecha, y vamos notando cómo nos relajamos, nos alejamos de la realidad y nos dormimos, humm. En fin, seguro que me dejo muchas, pero no me negaran que todas las situaciones que he expuesto nos dan una pequeña alegría cuando las experimentamos. No es lo mismo que comprobar que nos ha tocado la primitiva, evidentemente, pero bueno, digamos que son pequeños regalos que nos ofrece la vida, que también hacen falta. Nota: Otra de las cosas que me encantan es provocar a mis lectoras, así es que aclaro aquí que el comentario machista sobre el fregado de los platos ha sido totalmente intencionado y que estaba bromeando. Chicas, no os lo toméis a mal y no me vayáis a retirar el saludo, ¿vale? 15/09/2004Los 4 de El Cholo. IntroducciónEsta es la historia de un bar. Mejor dicho, esta es la historia de un bar y de sus clientes. El nombre real del establecimiento en cuestión es “Bar-Cafetería La Alameda”, aunque la parroquia habitual lo conoce como el bar del Cholo. El Cholo es argentino, de Buenos Aires concretamente. Huyó de la dictadura militar de su país en 1.977 cuando sólo contaba veinte años y se vino a vivir a Cádiz con una hermana de su madre, también española. Ahora debe tener unos cuarenta y seis años, y aunque hace muchos años que salió de su país no le ha abandonado el acento platense. Luce unas incipientes entradas, lleva el pelo un poco largo por detrás y tiene una nariz grande que descansa sobre un enorme bigote. Es alto y delgado, casi escuálido, y siempre usa una camisa blanca y un delantal del mismo color cuando esta detrás de la barra, aunque al poco de ponérselo ya suele mostrar alguna que otra mancha. Dejó de fumar hace siete años, pero no ha podido abandonar la mala costumbre de masticar un palillo de dientes continuamente. La verdad es que el bar del Cholo es un bar como cualquier otro de cualquier barrio de cualquier ciudad. Tiene sus mesas redondas de mármol con patas metálicas a juego con las sillas, -también de metal oscuro- y un espejo grande en una de las paredes, al estilo de las viejas cafeterías. La única circunstancia que lo diferencia de los demás bares es que exhibe varios carteles con motivos de Argentina colgados en las paredes. Uno de ellos es, como era muy de esperar, una fotografía del ídolo del Cholo, Diego Armando Maradona, jugando con la camiseta albiceleste de la selección argentina. En otra pared hay un dibujo de Mafalda, y también se puede ver tras la barra el inevitable calendario con una modelo en bikini, que evidentemente en este caso muestra a la rubia Valeria Mazza. Al entrar en el bar por una de las dos amplias puertas acristaladas se puede ver en la pared de enfrente un televisor de veinticinco pulgadas colocado sobre un soporte sujeto a la pared mediante unos tornillos. Debajo de éste es donde esta el espejo, el cual ofrece al local una sensación de amplitud que realmente no tiene. En la pared de la izquierda están las puertas de los servicios, y en la de la derecha se sitúa el mostrador. En medio se ubican seis mesas con sus correspondientes sillas, además de una estufa que intenta caldear el local en invierno. El establecimiento se encuentra en la Avenida de la Alameda, la cual le da el nombre. Esta avenida parte por la mitad el barrio de San José, un tranquilo conjunto de casas que tiene la ventaja de no encontrarse en los suburbios de la ciudad ni tampoco en el centro, sino en una especie de “tierra de nadie”, virtud muy apreciada por sus habitantes, casi todos ellos trabajadores de clase media. La clientela del bar del Cholo se puede considerar de las más fieles de la ciudad. Por las mañanas suelen acudir a eso de las ocho y media o nueve a tomar el desayuno los trabajadores de un taller metalúrgico cercano y los de un almacén de pinturas situado en la esquina de la avenida. Al mediodía suelen acudir los mismos trabajadores a comer (Menú del día por seis euros: Primer y segundo plato, vino con gaseosa para beber. Pan y postre incluidos), y por la tarde, a eso de las cinco, suelen aparecer un grupo de ancianos que a falta de una mejor ocupación se dedican a ver pasar la vida sentados en una de las mesas mientras toman un café con leche, charlan, y juegan una partida de dominó. Este grupo de clientes es conocido por demás como Los cuatro del Cholo, ya que es muy extraño que alguno de ellos falte a su cita diaria en el bar. El primero en llegar siempre es Francisco Navarro, Paco para los amigos. Es subteniente retirado de la Guardia Civil y un amante del orden y las buenas costumbres. Llega puntualmente a las cuatro y media, llueva, nieve o truene, y entra por la puerta vestido impecablemente con chaqueta y corbata, luciendo la insignia de la benemérita en la solapa y atusándose el espeso bigote que mantiene como recuerdo de sus tiempos en el cuerpo. Generalmente el que llega en segundo lugar es Gabriel Fernández, antiguo funcionario de correos cuya mayor pasión en la vida son sus dos hijas y sus dos nietos y cuyo mayor disgusto es la costumbre que han adoptado sus compañeros de tertulia de llamarle el cartero. Por algún inexplicable motivo siempre olvida que la puerta del establecimiento se abre hacia fuera, y mientras intenta abrirla empujando siempre se oye la voz de alguno de sus amigos gritarle con guasa desde dentro del local: “¡Cartero, llama dos veces!” Un poco más tarde suele aparecer Desiderio Fonseca, el mayor del grupo. A sus setenta y cuatro años conserva la cabeza perfectamente amueblada, aunque es considerado por sus amigos como el despiste personificado. Desiderio es de esas personas capaces de recordar exactamente algo que sucedió hace cincuenta años, pero también es capaz de llegar al bar con la chaqueta del pijama puesta, o de bajar a la calle a comprar el pan y olvidarse por completo del motivo de su salida, teniendo que volver a subir para preguntárselo a su esposa. Invariablemente el ultimo en aparecer es Jeremías Van Beheden, también llamado por sus amigos El Holandés. Jeremías es una de esas personas que ha desempeñado mil trabajos en la vida, desde cocinero hasta guardaespaldas o fotógrafo de guerra, pero que no se considera profesional de ninguno de ellos, y que ha vivido en mil lugares distintos, pero que tampoco se considera parte de ninguno, ya que si se le pregunta suele responder que él es ciudadano del mundo. Suele llegar pasadas las cinco y cuarto, siempre ataviado con su inseparable gorra de marinero y su barba blanca. Realmente no es holandés, sino gerundense, aunque sí lo era su padre. Probablemente sea Jeremías el único que a veces pone la nota discordante en el grupo, ya que tiene unas ideas un tanto particulares acerca de diversos temas. En la mayoría de ellos -política, religión, etc- choca frontalmente con Paco, lo que a veces ha dado pie a amargas discusiones. En todo caso, hace tiempo ya que no tienen problemas porque en el fondo se aprecian mucho y no suelen dar pie a empezar una discusión que pudiera terminal mal. Hechas las presentaciones, en los siguientes capítulos pasaremos a contemplar esas cuantas horas que los cuantro amigos pasan en el bar. Escucharemos sus conversaciones, sus puntos de vista, sus criticas y sus halagos. Se suele decir que es un buen ejercicio escuchar a los mayores, porque ellos son más sabios que nosotros. Eso es lo que haremos a partir de ahora. Bienvenidos al bar del Cholo. 20/09/2004Los CultosMe gustaría empezar hoy una serie de artículos sobre las subsectas. ¿Y que cojones es una subsecta? -se preguntaran Uds.- Pues una subsecta es un grupo de gente movidos por un mismo interés (como los sectarios), que generalmente siguen a un líder (como los sectarios) pero que todavía no han sufrido una comedura de coco tan peligrosa como los sectarios. Es decir, que son como los integrantes de una secta pero inofensivos porque todavía no han perdido del todo la razón. Ya sé que puede parecer que el tema esta ya muy trillado, pero que le vamos a hacer. Igual soy capaz de aportar algo nuevo y todo, ¿quién sabe? En cualquier caso hoy quisiera hablarles de los Cultos (así, con mayúsculas) Los Cultos son esos individuos / individuas que saben positivamente (creen) que su nivel intelectual y cultural sobrepasa ampliamente el de la media. Por este motivo no suelen perder el tiempo mezclándose con seres de un nivel inferior al suyo, lo que hace que se les suela ver en manada, bien en una exposición de pinturas, bien en un concierto de música contemporánea. Los integrantes estándar del elitista grupo de los Cultos suelen ser de una edad madura, aunque no demasiado mayores. Digamos que sobre los cuarenta o cincuenta años. Por lo general son oscuras reminiscencias de los antiguos hippies que con un poco de suerte consiguieron sacarse una carrera y llegar a tener un empleo mas o menos bien remunerado, pero que no han abandonado aquella pose de rebeldía tan de moda en los setenta y tan desfasada en la actualidad. Por ejemplo, el varón Culto suele ser un poco calvorote, pero se deja crecer el pelo por detrás para poder lucir una cola de caballo. Las gafas redondas al estilo John Lennon y la barba entrecana de unos cuantos días tampoco suelen faltar. En cuanto a la ropa, generalmente se le verá con jerséis dos tallas más anchas de lo normal (con el fin de ocultar la barriga y los michelines), pantalones de pana gruesa, una trenca y zapatos de cordones. Una gorra de marinero en verano es opcional. La mujer Culta nunca va maquillada, y también suele vestir jerséis amplios (por el mismo motivo que el varón), faldas largas y amplias y botines de cuero marrón. Con el varón comparte el pelo recogido en una cola de caballo (aunque a veces lo llevan muy corto), las gafas redondas (la barba generalmente no, aunque se han dado casos) y sobre todo cierta expresión de vinagre en la cara que indica claramente que no se encuentran a gusto si no están rodeados de gente tan culta como ellos. La ideología de estos sujetos suele ser más bien de izquierdas, o al menos eso es lo que dicen. Es muy probable que en las elecciones le voten al Partido Popular, pero eso es algo que –como muchos otros votantes- nunca admitirán, más que nada por una simple cuestión de imagen. Como complemento a la ideología política nunca falta una cierta tendencia a la ecología, aunque sin llegar a los extremos de otra de las subsectas de las que les hablare en su momento, los Verdes. Además, en el caso de las mujeres también se promulga el feminismo más radical (en este caso los hombres Cultos se quedan calladitos), llegando uno a jugarse una agresión verbal –o incluso física- en el supuesto caso de que a uno se le ocurra dejar pasar delante a una de estas convencidas militantes al cruzar el umbral de una puerta, por poner un ejemplo. Cuando más a gusto se encuentras estos especimenes y más interesante se hace su observación es cuando se juntan en una exposición de pintura, de fotografía o de cualquier otro arte. Entonces afloran sus vastísimos conocimientos sobre la materia e intentan por todos los medios alumbrar al pobre profano con su inmensa sabiduría. En estos eventos nunca falta el líder al que me refería antes. Este líder es el que más sabe de todo y al que todos escuchan cuando se pone a contemplar un cuadro, por ejemplo, y al cabo de la media hora de silencio suelta lindezas tales como “La profusión de las tonalidades asféricas indican la subexposicion del ánimo minimalista de su pincel” para pasar a repetir el proceso con el siguiente cuadro. Supongo –de esto no estoy seguro- que siempre habrá alguno de estos Cultos que piense “¿Pero qué coño me estas contando, imbécil?” pero que no se atreve a abrir la boca para no correr el riesgo de que le tilden de Inculto (si, también con mayúsculas). Eso sería lo peor que le podría pasar a un integrante de esta subsecta, que le tomen por Inculto. Por tanto, lo mejor es quedarse callado, asentir con la cabeza y seguir al líder en su periplo culturizador por la galería. En cuanto a la música, es evidente que la opera es la reina, acompañada por la música de cámara, y por cualquier música clásica en general, que para eso es la más culta de las artes. En momentos de relax se les puede encontrar oyendo piezas totalmente incomprensibles de música contemporánea, en la mayoría de los casos de compositores japoneses. Y tal vez algo de jazz, que hace muy culto, o de rock sinfónico tipo Génesis o Yes. Pero créanme, esto es en el menor de los casos. La mayoría de los Cultos no lo reconocerían ni bajo tortura, pero adoran a La Década Prodigiosa porque les recuerdan las canciones de sus años mozos, y suelen tararear canciones de Georgie Dann en la ducha. Para terminar, un comentario sobre su comportamiento con los que no pertenecen a su grupo: generalmente los desprecian y los miran por encima del hombro. En cualquier caso, siempre son los cultos los que más saben de todo, aunque se este hablando de informática y el susodicho no pase de usar el Word de vez en cuando. Tristes ejemplares estos, sí. Como he comentado anteriormente, por lo general se reúnen entre ellos porque el resto de la humanidad no les hace ni caso, además de darles de lado para no tener que aguantar su infumable pedantería. Solo aciertan a encontrar compañía entre otros Cultos, por aquello de que solo los de su misma clase pueden entender su superior inteligencia. Penoso. 21/09/2004VisitasBueno, pues según el contador de Nedstat que veis aquí al lado, desde el día 31 de agosto hasta hoy (21 de septiembre) solo he recibido 141 visitas, y encima la mayoría son mías. Penoso, ¿verdad? Bien, pues les diré que me importa un rábano tener tan pocas visitas. Así de claro. Y Uds. pensarán: "Si te importa un rábano... ¿por qué has puesto un contador?" Pues por pura curiosidad, pero no sobre el número de visitas, sino sobre el lugar de procedencia. Pero ya les digo, es pura curiosidad. En definitiva, que si no quieren venir a leer lo que escribo aquí y a ver las fotografías que cuelgo, allá Uds. Luego no se quejen cuando yo sea famoso y no puedan decir orgullosos a sus nietos aquello de "Yo leí su weblog". 28/09/2004Ellas, las más bellas.Hace muchos, pero muchos años, las discusiones entre un hombre y una mujer se solucionaban del siguiente modo: él le daba un garrotazo en la cabeza a ella y se la llevaba arrastrándola de los pelos. Fin de la discusión. Por fortuna las cosas han cambiado mucho con el paso de los siglos. De la brutalidad del garrote se ha ido evolucionando paulatinamente hasta llegar a los actuales medios, algunos tan sofisticados como el bofetón con la mano abierta o el correazo en la espalda. A lo que vengo a referirme es a que desde el principio de los tiempos la superioridad de los hombres sobre las mujeres se ha basado en el uso de la fuerza física, pura y llanamente. Esto ha llevado a la sociedad a girar siempre en torno a los hombres, dejando a la mujer en un segundo plano, metida en su rol de simple complemento dedicado a procrear, ocuparse de la familia y a ser el “reposo del guerrero”. Bueno, la historia ha demostrado que esto no siempre ha sido así, y que ha habido mujeres que se han mantenido en un segundo plano y han tenido mucho más poder en sus manos que los hombres que estaban delante de ellas ofreciendo su imagen al público. En todo caso, podríamos hacer un ejercicio de imaginación y detenernos a pensar por un momento lo que hubiera podido ser de la historia de la humanidad si ésta nunca hubiera sido machista, sino de completa igualdad entre hombres y mujeres. Cuando digo igualdad me refiero a disfrutar de las mismas oportunidades de opinión, formación y promoción que los hombres. Recuerden que hasta hace pocos años las mujeres no tenían derecho a voto en muchos países, y que el número de mujeres con estudios universitarios se está equiparando al de los hombres en los últimos tiempos, pero que hace unas décadas la proporción masculina era escandalosamente superior. Y respecto a la promoción lo que quiero decir es que ese rol segundón asignado a las mujeres no ha permitido en infinidad de casos el desarrollo de auténticos talentos femeninos en las más variadas actividades. Bien, teniendo en cuenta los diversos rasgos que diferencian a ambos sexos, yo en mi humilde opinión (recalco lo de MI opinión) deduzco que nos hemos perdido: - No hemos conocido nunca a una Adolfa Hitler, a una Francisca Franco ni a una Josefa Stalin. Por fortuna, porque sin duda hubieran tenido mucha más mala leche que los “originales”. ¿Por qué digo esto? Voy a responder rápidamente antes de que las lectoras pongan precio a mi cabeza. Tal vez sea por un mecanismo de autodefensa que ellas han desarrollado contra ese dominio de la fuerza física masculina, o tal vez sea por otro motivo, pero lo cierto es que las mujeres tienen mucha más mala idea y son más sibilinas y taimadas que los hombres. Personalmente prefiero tener como enemigo a un hombre que a una mujer. Por lo menos sé que en el primer caso como mucho me va a partir la cara o me va a denunciar en un juzgado, pero una mujer cabreada de verdad, con ganas de hacer daño y con tiempo para pensar es muy, pero que muy de temer. Y teniendo en cuenta que la mente de un hombre comparada con la de una mujer es más simple que el mecanismo de un chupete, no quiero ni pensar en las ideas que les podrían haber pasado por la cabeza de las individuas citadas anteriormente. Por cierto, se me pone el pelo de punta solamente de pensar en una Georgina Bush. Una puntualización. Posiblemente algunos lectores no estarán de acuerdo conmigo cuando afirmo que la mente de las mujeres es más compleja que la de los hombres. Pues con todos mis respetos, piensen por un momento en sus parejas. Seguro que en la mayoría de los casos ellas los entienden a Uds. perfectamente, e incluso muchas veces parece que vayan un paso por delante ¿a que sí? Ahora piensen en todas esas ocasiones en que Uds. no han entendido ni media palabra de lo que ellas les estaban diciendo porque su capacidad de comprensión no estaba a su nivel y han pensado: “¿pero tan tonto soy yo que no la entiendo o que me pasa?.” Pues eso, ya esta todo dicho. Bueno, sigamos. - Tampoco disfrutaremos nunca de las composiciones de una Wolfgana Amadea Mozart, de una Juana Sebastiana Bach, ni de una Antonia Vivaldi, ni ya puestos de una Johanna Lennon o una Jimina Hendrix. Por desgracia nunca podremos escuchar las obras que estas mujeres hubieran compuesto y legado a la humanidad. La sensibilidad de una mujer puesta al servicio de la música, y contando con los medios y la tradición musical que probablemente no han podido disfrutar, hubiera creado autenticas genialidades, tal vez superiores a las creadas por los hombres. - Lo mismo vale para otras artes. ¿Se imaginan lo que hubiera podido crear el talento y el ingenio de una Leonarda Da Vinci? ¿O la pluma de una Guillermina Shakespeare o una Stephanie King? ¿Se imaginan una Capilla Sixtina pintada por Micaela Angela? ¿O las genialidades de una excéntrica Salvadora Dalí? - No hemos conocido nunca a una Alberta Einstein tampoco. Ni a una Severa Ochoa, Ni a una Stephanie Hawking, aunque sí hemos conocido a una Marie Curie. Lástima que tuvo que apoyarse en las relaciones profesionales de su marido, el también genial científico Pierre Curie, para desarrollar sus investigaciones, porque por sí sola no hubiese podido disfrutar nunca de los medios necesarios. Por suerte a ella sí se le reconoció su valía. - Del mundo del deporte no podemos hablar mucho, porque la mayoría de los hombres, por aquello de nuestra constitución muscular, somos más fuertes (y más brutos) que ellas, y corremos más y saltamos más. Pero no nos vayamos a poner muy chulitos, porque no tenemos ni una parte de su capacidad de resistencia y sufrimiento. ¿Que no? Ya me gustaría a mi ver a muchos hombretones de pelo en pecho aullando de dolor pariendo a una criatura, o metidos en la cama tres días al mes queriendo morirse por culpa de la menstruación. Se me quedan muchas comparaciones en el tintero, pero es que si sigo no acabaría nunca. En definitiva, que nunca sabremos como hubiera sido el mundo en estas circunstancias, pero en mi opinión, y repito una vez más que es mi opinión particular, el mundo sería hoy en día un lugar mucho mejor de lo que es. Quiero dedicar este capítulo a todas las mujeres que a lo largo de la historia han sufrido o sufren por culpa de la estupidez, la ignorancia y la mala hostia de los hombres. |
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